lunes, 2 de abril de 2018

Epode o la curación por la palabra en la antigua Grecia


Hay un concepto que proviene de los antiguos griegos, que es "ėpodé" que significa las palabras de comprensión y compasión que debía tener el médico con el paciente para que la medicación o tratamiento indicado hiciera efecto. Sin dudas nos hace pensar en los primeros antecedentes de cura por la palabra.

La palabra de Apolo, el «decir placentero», tonifica, distrae y ayuda a arrastrar
el sufrimiento. Es una palabra que se dirige el enfermo, a su ánimo o thymós, al lugar
donde arraigan los afectos.

La palabra-gesto emanada de la experiencia amorosa actúa de este modo: por encantamiento, al modo como los griegos supieron comprender el poder y la virtud curativa del ensalmo (epodé). En principio, el ensalmo sería una fórmula verbal de carácter mágico y variable que, recitada o cantada ante el enfermo, se usara para la curación: una plegaria encantadora, un medio natural de seducción por la voz, un ritual sonoro que persuade y restaura la armonía de la salud o que acompaña incrementando el efecto de otro ‘phármakon’.
Es una especie de mantra que eleva el lenguaje a sus posibilidades infinitas en el límite de su acción, un cierto delirio imprescriptible que saca de sus goznes a lo simbólico, a la lengua de sus caminos trillados, un paso clínico de Vida que atraviesa lo vivible y lo vivido como herida y enfermedad.
De estos acontecimientos en los límites del lenguaje emana la creación de una salud, es decir, una posibilidad de vida.



No hay comentarios:

Publicar un comentario